La óptica no es una profesión reciente. Su historia se remonta a siglos atrás y está profundamente ligada al cuidado de la salud visual. En España, el “oficio de gafas” ya estaba documentado en la Edad Media, pero fue en 1596 cuando se constituyó uno de los primeros gremios de ópticos de la península Ibérica, marcando un antes y un después en la organización y dignificación de la profesión.
Desde aquellos primeros artesanos del vidrio y el metal hasta la consolidación científica de la óptica, el camino ha sido largo. Figuras clave como Benito Daza de Valdés, autor en 1622 del primer tratado de óptica oftálmica, sentaron las bases de la optometría moderna y del estudio riguroso de la visión.
La profesión evolucionó con el tiempo, superando periodos de silencio y grandes dificultades históricas, hasta alcanzar un punto decisivo en el siglo XX con la creación de una formación reglada, el reconocimiento oficial del título y, posteriormente, el nacimiento de los colegios profesionales y de las primeras escuelas universitarias de óptica.
Hoy, más de 19.000 ópticos-optometristas en España continúan esa herencia, combinando ciencia, técnica y vocación sanitaria para proteger uno de los sentidos más valiosos: la vista.
Desde el Colegio de Ópticos-Optometristas de Asturias ponemos en valor una profesión con una historia luminosa, cuyo objetivo sigue siendo el mismo desde hace siglos: cuidar la mirada de las personas.














El sol también daña cuando no lo vemos: la importancia de proteger ojos y piel